Entrevista, redacción e infografía realizada por Katel Graciani
El COVID-19 representó un desafío radical para los profesionales del área de salud, mientras que el 1 de marzo se calcularon no más de seis casos, para el 31 del mismo mes se confirmaban alrededor dos mil y el colapso fue evidente, pero para varios, como Rudy Taibot, el llamado del deber fue más fuerte.
Cuando uno toma esta carrera (…), uno ya sabe lo que debe de pasar
Taibot, se desempeña como licenciado en enfermería en el centro de diálisis privado Fresenius Medical Care. Con 31 años, experimentó uno de los mayores desafíos de su vida profesional, una pandemia que ha hecho de los más vulnerables sus principales víctimas.
Fresenius Medical Care acoge a pacientes
con insuficiencia renal. Y tal como ocurre en otros centros de diálisis, las
deudas por parte del Estado son una realidad. Durante la primera ola de contagios, Taibot,
estuvo dispuesto a trabajar días enteros, pues los pacientes de este tipo no
tienen la posibilidad de aplazar sus tratamientos.
Aunque las jornadas en este centro de
diálisis hacían énfasis en los cuidados, como el minucioso lavado de manos y
uso de la vestimenta respectiva, el COVID-19 burló estas circunstancias; el
material de bioseguridad llegó en abril, a pesar de la emergencia sanitaria, y
cuando los pacientes fueron contagiados por sus familiares, el personal de la
clínica se sumó a la lista de casos confirmados, entre ellos, Rudy.
A medida que sus compañeros presentaban síntomas por la infección, Taibot y uno de los doctores del establecimiento se hicieron cargo de una de las salas, en las que el aforo permitía el ingreso de 18 pacientes, entre ellos, quienes presentaban casos complicados que requerían el manejo de catéter. En jornadas que partían desde 5H00 y terminaban 21H00, él enfrentó uno de los más grandes golpes de su vida profesional.
Nadie estuvo preparado para lo que iba a pasar, cuando nos dimos cuenta que en la clínica habíamos perdido a doce pacientes en una semana, el trauma fue peor.
Mientras que la clínica registraba la muerte de dos o tres pacientes al año, los efectos del COVID-19, como el temor, la tristeza por las pérdidas familiares y la propia infección, causaron la muerte de 12 pacientes en una semana. La muerte se convirtió en algo común, deambulaba en clínicas y hospitales, pero para Taibot el hecho de ver morir a uno de los pacientes pioneros de la clínica lo marcó.
Rudy presentó complicaciones en su entorno
laboral, pero desde una perspectiva personal, su realidad no fue distinta a la
del resto de ecuatorianos, él perdió dos de sus tíos perdieron la batalla a
causa de la infección causada por el virus. No pudo despedirse.
En la actualidad, la clínica aporta
significativamente en el cuidado de los pacientes y del personal, por lo que se
implementó:
- El
cambio de mascarillas en cada jornada de tratamiento.
- El
sistema de traje para una respectiva evaluación.
- La
implementación de un expreso para un traslado seguro.
- La
creación de un área para pacientes con síntomas de COVID-19
- La
ejecución de pruebas para identificar al instante los casos.
- La
derivación a hospitales si hay condiciones más graves.
No hay conciencia de nosotros mismos (…), no hay el cuidado que debe de haber
A diferencia de lo ocurrido en el 2020, Taibot
cree que el personal de Fresenius Medical Care sí está preparado para hacerle
frente a los nuevos riesgos, como la llegada de la variante británica, pero hay
dificultades en el camino, como el colapso en las UCI de los hospitales
públicos a los que derivan a sus pacientes si presentan condiciones graves. A
esto le suma la falta de cuidados por parte de la sociedad, otro de los
enemigos del sistema de sanitario.
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