Entrevista realizada por Nathaly Mendoza

Redacción por Keysha Naranjo


El virus llegó a Ecuador y de inmediato le tocó la puerta a Sandra Quintana Mera, de 49 años, ama de casa y dueña de una panadería.

En un inicio Quintana era muy renuente e incrédula con el tema del COVID.19, como algunas personas lo siguen siendo en la actualidad. Su hija Romina, de 9 años, empezó a aconsejarla en que tenía que cuidarse. La racionalidad y seriedad de la pequeña ahora es admirada por su madre, quien fue la primera en la familia en contraer el virus en el mes de marzo.

La pesadilla iniciaría en este punto por la dimensión con la que golpeó la enfermedad al hogar, tanto que ahora el mero recuerdo de los meses más críticos provoca pánico en Quintana.

El ama de casa comenta que sus síntomas fueron muy distintos a una gripa común, entre anosmia, vómitos, dolor corporal y falta de aire; acudió a realizarse una serie de exámenes que determinaron la presencia de una inflamación multisistémica relacionada con el coronavirus.

Su esposo también se contagió del virus, sin embargo, el impacto fue muy leve, por lo que, a los tres días ya se sentía bien. Mientras esto ocurría, su hija Romina decidió por su cuenta hacer aislamiento en su cuarto.

“El papá le proveía (a Romina) de los alimentos”, menciona Quintana. Su esposo se encargaba también de que ella comiera, a pesar de aclarar que la enfermedad le quitaba todo apetito y lo único que sentía era tenderse en la cama, sin más. El cansancio la abrumaba.

El virus dejó secuelas marcadas en ella. Quintana expresa tener perdida de memoria (lagunas mentales), la visión le falla mucho y tiene constantes dolores de cabeza y pecho.

Si me diera una segunda vez, yo no lo soportaría

Sus vidas eran muy distintas antes. Ir a su negocio, recoger a su niña a la escuela, hacer actividades en familia. Ahora que se lo plantea, asegura que realmente lo que más importa es la salud; el dinero y el trabajo son también relevantes, pero para ella, en este momento, están en segundo plano. “Lo principal que le pido a Dios es la salud, uno tiene sus hijos que debe criar”.

Los detalles buenos que rescata de esta situación es el tiempo que puede compartir con su hija que en algún momento se vio reducido por las horas que le dedicaba al trabajo. “Ha sido un tiempo para aprender que la casa y la familia se tienen que disfrutar, que hay que darle rumbo fijo y los seres queridos”, dice Quintana con seguridad.

Claro está que, el estar todo el tiempo en casa significa más ocupaciones, y en cierto punto puede llegar a producir estrés, pero Quintana afirma que ella ha tomado el control y todos colaboran en las labores domésticas. “Me he vuelto un coronel. Cogí el mando.”, emite con gracia.

Yo quiero tener tranquilidad y paz. Y que no me falte la comida y la salud, por supuesto

Los cuidados continúan, los agradecimientos a Dios son diarios y las enseñanzas dejadas después de los tiempos más caóticos ahora son parte de la vida de Sandra, quizá tiene ciertos episodios de ansiedad o tristeza, pero se consideran normales luego de haber afrontado una de enfermedades más devastadoras de los últimos tiempos. El hecho de estar ahora viva, es digno de admiración y de ejemplo de resiliencia.