Siempre me he repetido: hay que salvarles la vida a las criaturas, hay que ayudar a las personas
Incluso, cuando la realidad se transformaba, la enfermedad por COVID-19 invadía a la población y el sistema sanitario colapsaba, Ángel Zuleta, de 57 años, conductor de ambulancias del Hospital del Niño Dr. Francisco Icaza Bustamante, jamás cesó o dudó de su compromiso con socorrer a quienes más lo necesitaban.
En marzo del
2020 fue el golpe, no obstante, en febrero ya sucumbían por los pasillos e
instalaciones la llegada de algo grande y devastador. Zuleta y sus compañeros choferes (ninguno
contagiado) continuaron trabajando las 24 horas del día, tal como lo venían
haciendo desde 2018.
El conductor comenta que, durante todos los meses más críticos de la pandemia y hasta el día de hoy, nunca descansaron. Y a pesar de que ya se encuentra en territorio ecuatoriano la reciente variante del virus, no temen en seguir trabajando; pero hay una situación que resalta con respecto a los implementos de la labor.
Irónicamente,
siendo una persona encargada de manejar ambulancias, estas ya no están desde
2016, como consecuencia de un remate ejercido por el exgerente del hospital. En
la actualidad, solo cuentan con una ambulancia que permanece en el garaje de la
institución, ya que está averiada; y una camioneta que ha sido el medio que ha
sacado de apuros al personal.
En este transporte se trasladan medicinas, insumos médicos (exámenes, plaquetas, plasma), personal y se han realizado visitas domiciliarias. Pese a esta problemática, hubo ayuda externa de otras ambulancias de parte del 911, previamente coordinados por las autoridades pertinentes, menciona Zuleta.
No lo niego, lo más difícil que me tocó atravesar fue la exposición; andábamos en la camioneta para todos lados, sin parar, llevando exámenes de un lugar a otro porque la institución no contaba con reactivos
Zuleta, además,
comparte que existieron varias situaciones internas que impactaron la normalidad de
la casa de salud; un promedio de 21 personas (entre médicos y personal de mantenimiento)
han sido víctimas mortales del virus, entre ellos destaca: Dr. Jorge Chica,
neurocirujano, el Dr. Orellana Andrade, la Dra. Sarita Jara, médico pediatra;
entre otros.
El conductor argumenta que una de las posibles razones por las que se dieron estos fatales desenlaces fue el hecho de la falta de capacitación y planificación para llevar a cabo las actividades. “A todos nos dieron la vestimenta de protección (batas quirúrgicas, zapatones, mascarillas); sin embargo, el resto era producto de nuestros propios medios”, expresa Zuleta, “claro, no digo que la institución ha sido totalmente ajena y despreocupada en el cuidado del personal, pero en cuanto a capacitación, faltó mucho”, añade.
Los meses de la pandemia fueron terribles; había tantos cadáveres regados, en varios hospitales a los que acudíamos observábamos cómo sacaban a las personas embaladas y los depositaban en containers, en congeladores
En su travesía durante la época más compleja de contagios, a diario veía morir entre 15 a 20 personas mientras hacía los recorridos entre hospitales (del Monte Sinaí, Guasmo, Ceibos). Esto marcó a Zuleta.
Ahora veo de 1 a 2 personas que mueren
A pesar de haberse reducido los casos de mortalidad, tiene muy presente que el cuidado está en las propias manos de los individuos.
Zuleta afirma
que por su parte siempre asegura estar protegido: “Cargo alcohol en gel y
spray, me cambio la mascarilla 3 veces al día, estoy pendiente de protegerme lo
más que puedo”; considera que lo mismo deberían hacer los demás, “es
lamentable, pero el que se quiere morir no se cuida”
Entre sus
expectativas está en que la nueva ola del virus no tome posesión del país, aunque
asegura que el Hospital del Niño estaría preparado en colaboración con otras
instituciones y autoridades.
Entrevista realizada por Katel Graciani
Redacción por Keysha Naranjo
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